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03/06/2022

‘Generación covid’: ¿Los niños nacidos en pandemia enferman más?

Los médicos son tajantes: el sistema inmune de los menores que llegaron al mundo entre mascarillas y distancia social no es más débil. Si ahora sufren más catarros es porque están más expuestos

En el convulso 2020 nacieron en España 341.315 niños, críos que pasaron sus primeros meses de vida completamente enclaustrados en sus casas, con salidas a la calle muy reducidas, sin visitas ni contactos sociales o viendo el mundo a medias, con las caras a su alrededor tapadas por una mascarilla. Ellos, y los que vinieron después, en 2021, son la generación que nació en pandemia y, si bien la covid no se cebó con ellos —la infección cursa de forma muy leve en los más pequeños—, sí arrastran el peso de estos dos años de restricciones sociales intermitentes. La comunidad científica, por ejemplo, ha comenzado a estudiar si la llamada generación covid tiene problemas en el neurodesarrollo (el habla o el juego). Y ahora que la crisis sanitaria está más estabilizada y las restricciones han caído, los padres ven también cómo vuelven los mocos y los catarros recurrentes. Mucho más que meses atrás. Pero, ¿significa esto que los niños nacidos en pandemia enferman más? Los médicos son tajantes: no hay ninguna evidencia que sugiera que estos menores tienen un sistema inmune más débil.

Si ahora caen enfermos con más asiduidad es porque no hay restricciones sociales, se exponen más y hay más patógenos circulando que durante la fase dura de la pandemia, coinciden las voces consultadas. No hay evidencia alguna de que el sistema inmune de un crío nacido durante la crisis sanitaria del coronavirus sea diferente al de otro nacido antes de 2020, zanja Alfredo Tagarro, coordinador del grupo de trabajo de Infecciones Respiratorias de la Sociedad Española de Infectología Pediátrica: “Lo que está claro es que la exposición a patógenos de los niños en pandemia ha sido diferente a lo que estábamos acostumbrados. Y, si bien es cierto que tenemos una sobrecarga asistencial en urgencias por patología banal [no grave], esto lo que sugiere es que estos niños se han ido poniendo en contacto con los virus circulantes”.

Coincide Federico Martinón Torres, jefe de Pediatría del Hospital de Santiago de Compostela: “No hay que confundir el hecho de que hayan dejado de estar expuestos a ciertos patógenos que han dejado de circular con que su sistema inmune no haya madurado adecuadamente”. Y pide prudencia con las interpretaciones de la situación actual: “Hay que ser cauto porque, si bien las medidas no farmacológicas han impactado en la transmisión de otros agentes diferentes al SARS-Cov-2 que podían verse bloqueados por la mascarilla y la distancia, esto no es así con todos los patógenos. No tiene sentido pensar que los niños han dejado de tener estimulado su sistema inmune porque es más complejo que todo eso: un niño, incluso con mascarillas, está expuesto a multitud de encuentros antigénicos a lo largo del día, hay infecciones de todo tipo y contacto con gérmenes a través de la boca, la comida, las mucosas de las manos...”.

El fin de las restricciones sociales y la vuelta a las dinámicas de vida prepandemia, sin embargo, ha devuelto a la calle virus que habían estado desaparecidos durante lo peor de la pandemia, como la gripe o el virus respiratorio sincitial. “No es nada extraño ni inesperado”, afirma Martinón Torres, y es lo que se aprecia ahora a pie de consulta, concuerda Carlos Rodrigo, director clínico del Servicio de Pediatría del Hospital Germans Trias i Pujol de Badalona: “Los niños han de coger una serie de infecciones sistemáticamente en los primeros años de vida. Solo haberlas cogido varias veces les da inmunidad para enfrentarlos. Durante la pandemia, por las medidas de protección y no haber ido a la guardería, los niños no han cogido nada. Pero lo tienen que hacer”.

Para el pediatra y epidemiólogo Quique Bassat, del Instituto de Salud Global de Barcelona, tampoco hay ninguna señal de alarma: los hospitales están en una situación normal, sin aluvión de infecciones pediátricas, y la polémica se circunscribe más a una percepción de los padres “por falta de hábito”, explica: “Esto es como cuando vuelven a la guardería después del verano: hemos estado tranquilos un tiempo porque era época de mascarillas y menor contacto entre los niños. Pero cuando te la quitas y vuelven a juntarse, vuelves a lo de antes”.

El hecho de haber retrasado el contacto con algunos virus comunes, apuntan los expertos, puede ser, incluso, positivo. “Es mejor coger un virus de estos [como la gripe o el sincitial] al año y medio que a los tres meses”, señala Rodrigo. A medida que avanza la edad, su sistema inmune está más maduro y puede responder mejor a las amenazas externas.

En cualquier caso, asegura Óscar de la Calle, miembro de la Sociedad Española de Inmunología, “los niños tienen muy buenas defensas contra los patógenos habituales”. “Cuando nace, tienen un sistema inmune inmaduro: no producen anticuerpos (los que tienen son de la madre) y los van desarrollando en el primer año de vida. Pero, para contrarrestar esto, tienen un sistema inmune innato —el que protege del contacto inmediato con los gérmenes— más potente que el de los adultos”, explica. Y eso es lo que hace que las infecciones virales sean, a menudo, muy leves, como sucede con la covid.

La hipótesis de la higiene

Hay una controvertida teoría científica —la “hipótesis de la higiene”—, que sugiere que la exposición progresiva a determinados patógenos en la infancia ayuda al desarrollo del sistema inmune: eso explicaría, aducen sus defensores, por qué aumentó tanto en las últimas décadas la incidencia de enfermedades autoinmunes y alérgicas, por ejemplo, en los países desarrollados, donde las medidas de higiene y los entornos más asépticos han evitado el contacto con numerosos gérmenes; o por qué los niños de entornos rurales, en contacto con animales y más expuestos a otros patógenos, tienen menos alergias.

A propósito de la extremada higiene que instaló la pandemia, los expertos consultados señalan que no hay ninguna evidencia de que ese fenómeno haya influido en el sistema inmune de los niños. Martinón Torres recuerda, de hecho, que esta teoría es eso, solo “una hipótesis”. E insiste: “Los niños no han dejado de estar expuestos a patógenos y su sistema inmune ha madurado de manera habitual”. Si ahora aumentan los casos de gripe o virus respiratorio sincitial, por ejemplo, es porque durante dos años los críos no han estado expuestos a ese patógeno en particular “y se genera una bolsa de sujetos susceptibles más numerosa”.

Toni Soriano, infectólogo pediátrico del Hospital Vall d’Hebron, coincide en que “no ha nacido una generación inmunodeprimida” y, con la vuelta a la normalidad de los ciclos virales, se normalizará el ritmo usual de infecciones infantiles. Con todo, agrega: “Nos llama la atención que en África no se hayan reportado tantos casos de covid como en otras partes del mundo y sería interesante valorar aquí la teoría de la higiene”.

Por otra parte, está por ver si hay algún efecto a largo plazo de las medidas restrictivas de la pandemia en la respuesta a las infecciones. Las dinámicas de los últimos dos años, valora Martinón Torres, pueden haber influido en el microbioma —el conjunto de microorganismos que colonizan el cuerpo humano— y cambiar la respuesta a las infecciones. O puede que no: “Esto es puramente especulativo y hay que demostrarlo”.

En el caso de la alerta por un auge de los diagnósticos de hepatitis no identificadas en niños pequeños, todavía se está estudiando qué está pasando, pero el pediatra del Hospital de Santiago advierte de que “el adenovirus que se ha encontrado en un porcentaje alto de casos estuvo circulando durante la pandemia también”. “Es cierto que, a lo mejor, la combinación de varios factores, como la no exposición a varios patógenos, la exposición previa al SARS-Cov-2 y el cambio en la flora del niño, pueden haber generado un cóctel que haya dado lugar a este incremento de casos. La otra alternativa es que hayamos visto ahora todos los casos que tendríamos que haber visto de forma repartida en años anteriores. Pero todo esto también es especulativo”.

Fuente: Jessica Mouzo, elpais.com/salud-y-bienestar



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